Declaración Universal de La UNESCO
sobre La Diversidad Cultural
La Conferencia General,

Reafirmando su adhesión a la plena realización de los derechos humanos y de las
libertades fundamentales proclamadas en la Declaración Universal de Derechos
Humanos y en otros instrumentos universalmente reconocidos, como los dos Pactos
Internacionales de 1966 relativos uno a los derechos civiles y políticos y el otro a los
derechos económicos, sociales y culturales,

Recordando que en el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO se afirma "(...) que la
amplia difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y
la paz son indispensables a la dignidad del hombre y constituyen un deber sagrado que
todas las naciones han de cumplir con un espíritu de responsabilidad y de ayuda mutua",

Recordando también su Artículo primero que asigna a la UNESCO, entre otros objetivos,
el de recomendar "los acuerdos internacionales que estime convenientes para facilitar la
libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen",

Refiriéndose a las disposiciones relativas a la diversidad cultural y al ejercicio de los
derechos culturales que figuran en los instrumentos internacionales promulgados por la
UNESCO
1[1],

Reafirmando que la cultura debe ser considerada como el conjunto de los rasgos
distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una
sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos
de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las
creencias2
[2],

1[1] Entre los cuales figuran, en particular, el Acuerdo de Florencia de 1950 y su Protocolo de Nairobi de
1976, la Convención Universal sobre Derechos de Autor de 1952, la Declaración de los Principios de
Cooperación Cultural Internacional de 1966, la Convención sobre las Medidas que Deben Adoptarse
para
Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes
Culturales de 1970, la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de
1972,
la Declaración de la UNESCO sobre la Raza y los Prejuicios Raciales de 1978, la Recomendación
relativa a
la condición del artista de 1980 y la Recomendación sobre la salvaguardia de la cultura tradicional y
popular de 1989.
1[2] Definición conforme a las conclusiones de la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales
(MONDIACULT, México, 1982), de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (Nuestra Diversidad
Creativa, 1995) y de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo
(Estocolmo, 1998).

Constatando que la cultura se encuentra en el centro de los debates contemporáneos
sobre la identidad, la cohesión social y el desarrollo de una economía fundada en el
saber,

Afirmando que el respeto de la diversidad de las culturas, la tolerancia, el diálogo y la
cooperación, en un clima de confianza y de entendimiento mutuos, están entre los
mejores garantes de la paz y la seguridad internacionales,
Aspirando a una mayor solidaridad fundada en el reconocimiento de la diversidad
cultural, en la conciencia de la unidad del género humano y en el desarrollo de los
intercambios culturales,

Considerando que el proceso de mundialización, facilitado por la rápida evolución de las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pese a constituir un reto para
la diversidad cultural crea las condiciones de un diálogo renovado entre las culturas y
las civilizaciones,

Consciente del mandato específico que se ha dado a la UNESCO, en el seno del sistema
de las Naciones Unidas, consistente en asegurar la preservación y la promoción de la
fecunda diversidad de las culturas,

Proclama los principios siguientes y aprueba la presente Declaración:


IDENTIDAD, DIVERSIDAD Y PLURALISMO

Artículo 1 – La diversidad cultural, patrimonio común de la humanidad
La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se
manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan los grupos
y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, de innovación y
de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la
diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio
común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las
generaciones presentes y futuras.

Artículo 2 – De la diversidad cultural al pluralismo cultural
En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable garantizar
una interacción armoniosa y una voluntad de convivir de personas y grupos con
identidades culturales a un tiempo plurales, variadas y dinámicas. Las políticas que
favorecen la inclusión y la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión
social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz. Definido de esta manera, el pluralismo
cultural constituye la respuesta política al hecho de la diversidad cultural. Inseparable
de un contexto democrático, el pluralismo cultural es propicio a los intercambios
culturales y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida pública.

Artículo 3 – La diversidad cultural, factor de desarrollo
La diversidad cultural amplía las posibilidades de elección que se brindan a todos; es una
de las fuentes del desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento
económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva,
moral y espiritual satisfactoria.


DIVERSIDAD CULTURAL Y DERECHOS HUMANOS

Artículo 4 – Los derechos humanos, garantes de la diversidad cultural
La defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la
dignidad de la persona humana. Ella supone el compromiso de respetar los derechos
humanos y las libertades fundamentales, en particular los derechos de las personas que
pertenecen a minorías y los de los pueblos autóctonos. Nadie puede invocar la
diversidad cultural para vulnerar los derechos humanos garantizados por el derecho
internacional, ni para limitar su alcance.

Artículo 5 – Los derechos culturales, marco propicio de la diversidad cultural
Los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son
universales, indisociables e interdependientes. El desarrollo de una diversidad creativa
exige la plena realización de los derechos culturales, tal como los define el Artículo 27 de
la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Artículos 13 y 15 del Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Toda persona debe, así,
poder expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en
su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de
calidad que respete plenamente su identidad cultural; toda persona debe poder
participar en la vida cultural que elija y ejercer sus propias prácticas culturales, dentro
de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales.

Artículo 6 – Hacia una diversidad cultural accesible a todos
Al tiempo que se garantiza la libre circulación de las ideas mediante la palabra y la
imagen, hay que procurar que todas las culturas puedan expresarse y darse a conocer.
La libertad de expresión, el pluralismo de los medios de comunicación, el
multilingüismo, la igualdad de acceso a las expresiones artísticas, al saber científico y
tecnológico -comprendida su forma electrónica- y la posibilidad, para todas las culturas,
de estar presentes en los medios de expresión y de difusión, son los garantes de la
diversidad cultural.


DIVERSIDAD CULTURAL Y CREATIVIDAD

Artículo 7 – El patrimonio cultural, fuente de la creatividad
Toda creación tiene sus orígenes en las tradiciones culturales, pero se desarrolla
plenamente en contacto con otras. Esta es la razón por la cual el patrimonio, en todas
sus formas, debe ser preservado, valorizado y transmitido a las generaciones futuras
como testimonio de la experiencia y de las aspiraciones humanas, a fin de nutrir la
creatividad en toda su diversidad e instaurar un verdadero diálogo entre las culturas.

Artículo 8 – Los bienes y servicios culturales, mercancías distintas de las
demás
Frente a los cambios económicos y tecnológicos actuales, que abren vastas
perspectivas para la creación y la innovación, se debe prestar una atención particular a
la diversidad de la oferta creativa, a la justa consideración de los derechos de los
autores y de los artistas, así como al carácter específico de los bienes y servicios
culturales que, en la medida en que son portadores de identidad, de valores y sentido,
no deben ser considerados como mercancías o bienes de consumo como los demás.

Artículo 9 – Las políticas culturales, catalizadoras de la creatividad
Las políticas culturales, en tanto que garantizan la libre circulación de las ideas y las
obras, deben crear condiciones propicias para la producción y difusión de bienes y
servicios culturales diversificados, gracias a industrias culturales que dispongan de
medios para desarrollarse en los planos local y mundial. Cada Estado debe, respetando
sus obligaciones internacionales, definir su política cultural y aplicarla, utilizando para
ello los medios de acción que juzgue más adecuados, ya se trate de apoyos concretos o
de marcos reglamentarios apropiados.


DIVERSIDAD CULTURAL Y SOLIDARIDAD INTERNACIONAL

Artículo 10 – Reforzar las capacidades de creación y de difusión a escala
mundial
Ante los desequilibrios que se producen actualmente en los flujos e intercambios de
bienes culturales a escala mundial, es necesario reforzar la cooperación y la solidaridad
internacionales destinadas a permitir que todos los países, en particular los países en
desarrollo y los países en transición, establezcan industrias culturales viables y
competitivas en los planos nacional e internacional.

Artículo 11 – Establecer relaciones de asociación entre el sector público, el
sector privado y la sociedad civil
Las fuerzas del mercado por sí solas no pueden garantizar la preservación y promoción
de la diversidad cultural, condición de un desarrollo humano sostenible. Desde este
punto de vista, conviene fortalecer la función primordial de las políticas públicas, en
asociación con el sector privado y la sociedad civil.

Artículo 12 – La función de la UNESCO
La UNESCO, por su mandato y sus funciones, tiene la responsabilidad de:
a) promover la consideración de los principios enunciados en la presente
Declaración en las estrategias de desarrollo elaboradas en el seno de las diversas
entidades intergubernamentales;
b) constituir un instrumento de referencia y de concertación entre los Estados, los
organismos internacionales guber-namentales y no gubernamentales, la sociedad civil y
el sector privado para la elaboración conjunta de conceptos, objetivos y políticas a
favor de la diversidad cultural;
c) proseguir su acción normativa y su acción de sensibilización y de desarrollo de
capacidades en los ámbitos relacionados con la presente Declaración que corresponden
a sus esferas de competencia;
d) facilitar la aplicación del Plan de Acción cuyas orientaciones principales se adjuntan
en anexo de la presente Declaración.


ORIENTACIONES PRINCIPALES DE UN PLAN DE ACCIÓN PARA LA
APLICACIÓN DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LA UNESCO SOBRE LA
DIVERSIDAD CULTURAL

Los Estados Miembros se comprometen a tomar las medidas apropiadas para difundir
ampliamente la Declaración de la UNESCO sobre la diversidad cultural y fomentar su
aplicación efectiva, cooperando en particular con miras a la realización de los
siguientes objetivos:

1. Profundizar el debate internacional sobre los problemas relativos a la diversidad
cultural, en particular los que se refieren a sus vínculos con el desarrollo y a su
influencia en la formulación de políticas, a escala tanto nacional como internacional;
profundizar en particular la reflexión sobre la conveniencia de elaborar un instrumento
jurídico internacional sobre la diversidad cultural.

2. Desarrollar la definición de los principios, normas y prácticas en los planos nacional e
internacional, así como de los medios de sensibilización y las formas de cooperación más
propicios a la salvaguardia y a la promoción de la diversidad cultural.

3. Favorecer el intercambio de conocimientos y de las prácticas recomendables en
materia de pluralismo cultural con miras a facilitar, en sociedades diversificadas, la
inclusión y la participación de las personas y de los grupos que proceden de horizontes
culturales variados.

4. Avanzar en la comprensión y la clarificación del contenido de los derechos culturales,
considerados como parte integrante de los derechos humanos.

5. Salvaguardar el patrimonio lingüístico de la humanidad y apoyar la expresión, la
creación y la difusión en el mayor número posible de lenguas.

6. Fomentar la diversidad lingüística -respetando la lengua materna- en todos los niveles
de la educación, dondequiera que sea posible, y estimular el aprendizaje del
plurilingüismo desde la más temprana edad.

7. Alentar, a través de la educación, una toma de conciencia del valor positivo de la
diversidad cultural y mejorar, a este efecto, tanto la formulación de los programas
escolares como la formación de los docentes.

8. Incorporar al proceso educativo, tanto como sea necesario, métodos pedagógicos
tradicionales, con el fin de preservar y optimizar los métodos culturalmente adecuados
para la comunicación y la transmisión del saber.

9. Fomentar la "alfabetización electrónica" y acrecentar el dominio de las nuevas
tecnologías de la información y de la comunicación, que deben considerarse al mismo
tiempo como disciplinas de enseñanza y como instrumentos pedagógicos capaces de
reforzar la eficacia de los servicios educativos.

10. Promover la diversidad lingüística en el espacio numérico y fomentar el acceso
gratuito y universal, a través de las redes mundiales, a todas las informaciones que
pertenecen al dominio público.

11. Luchar contra las desigualdades en materia de electrónica -en estrecha cooperación
con los organismos competentes del sistema de las Naciones Unidas- favoreciendo el
acceso de los países en desarrollo a las nuevas tecnologías, ayudándolos a dominar las
tecnologías de la información y facilitando a la vez la circulación electrónica de los
productos culturales endógenos y el acceso de dichos países a los recursos numéricos
de orden educativo, cultural y científico, disponibles a escala mundial.

12. Estimular la producción, la salvaguardia y la difusión de contenidos diversificados en
los medios de comunicación y las redes mundiales de información y, con este fin,
promover la función de los servicios públicos de radiodifusión y de televisión en la
elaboración de producciones audiovisuales de calidad, favoreciendo en particular el
establecimiento de mecanismos cooperativos que faciliten la difusión de las mismas.

13. Elaborar políticas y estrategias de preservación y valorización del patrimonio cultural
y natural, en particular del patrimonio oral e inmaterial, y combatir el tráfico ilícito de
bienes y servicios culturales.

14. Respetar y proteger los sistemas de conocimiento tradicionales, especialmente los
de las poblaciones autóctonas; reconocer la contribución de los conocimientos
tradicionales a la protección del medio ambiente y a la gestión de los recursos naturales,
y favorecer las sinergias entre la ciencia moderna y los conocimientos locales.

15. Apoyar la movilidad de creadores, artistas, investigadores, científicos e intelectuales
y el desarrollo de programas y de asociaciones internacionales de investigación,
procurando al mismo tiempo preservar y aumentar la capacidad creativa de los países en
desarrollo y en transición.

16. Garantizar la protección de los derechos de autor y de los derechos conexos, con
miras a fomentar el desarrollo de la creatividad contemporánea y una remuneración justa
del trabajo creativo, defendiendo al mismo tiempo el derecho público de acceso a la
cultura, de conformidad con el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos.

17. Ayudar a la creación o a la consolidación de industrias culturales en los países en
desarrollo y los países en transición y, con este propósito, cooperar en el desarrollo de
las infraestructuras y las competencias necesarias, apoyar la creación de mercados
locales viables y facilitar el acceso de los bienes culturales de dichos países al mercado
mundial y a los circuitos de distribución internacionales.

18. Elaborar políticas culturales que promuevan los principios inscritos en la presente
Declaración, entre otras cosas mediante mecanismos de apoyo a la ejecución
y/o de marcos reglamentarios apropiados, respetando las obligaciones internacionales de
cada Estado.

19. Asociar estrechamente los diferentes sectores de la sociedad civil a la definición de
las políticas públicas de salvaguardia y promoción de la diversidad cultural.

20. Reconocer y fomentar la contribución que el sector privado puede aportar a la
valorización de la diversidad cultural y facilitar, con este propósito, la creación de
espacios de diálogo entre el sector público y el privado.

Los Estados Miembros recomiendan al Director General que al ejecutar los programas de
la UNESCO tome en consideración los objetivos enunciados en el presente Plan de
Acción, y que lo comunique a los organismos del sistema de las Naciones Unidas y
demás organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales interesadas, con
miras a reforzar la sinergia de las medidas que se adopten en favor de la diversidad
cultural.

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